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Sigue de largo…

Donde los sueños cobran forma de muñecas de ocho centímetros…

 

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Oye, pues no es tan raro. Guay.

¿Amigos?

Dicen que la gente viene y va. Hay personas que conoces en una estación de paso y eso ya condiciona la relación. Va a ser solo eso, una parada. Luego cada cual os iréis y seguiréis vuestro camino. Quizá alguna vez recordéis ese amigo de paso, pero no trascenderá. Solo se queda en eso.

Hay otras personas que llevas contigo siempre, aunque no las puedas ver todos los días, aunque incluso pasen meses…da igual, son personas que han calado hondo, han dejado huella y pase lo que pase, siempre te acordarás de ellas. Incluso aunque a veces el recuerdo duela. Es inevitable. Si una marca se graba con fuego, no se puede quitar.

Y luego están otras personas, que empiezan siendo amigos, gente con la que compartes muchas cosas, risas, noches, días, películas, llantos, miles de cosas. Gente con la que te sientes bien, pero un día las cosas se tuercen. Las personas cambian, nosotros cambiamos, y si el cambio se produce por ambas partes, se produce una escisión en la amistad, una rotura por ambas partes, por lo que se nota menos. Sin embargo si el cambio solo viene de parte de uno entonces surgen la distancia y el dolor, porque es solo uno el que ve. Porque uno no puede luchar por acercarse cuando el otro solo le pone barreras.
Puedes tener paciencia, pero seamos realistas, la paciencia no cura las heridas, y no puedes esperar eternamente a que esa persona que era, aparezca de nuevo. No va a aparecer porque si ha cambiado ha sido por algo, quizá simplemente ha dejado una parte de su ser de lado, la pena es que sea la parte que te hacía estar ahí por él (o por ella).
Cuando eso pasa te ves en una situación complicada. Tienes muchos recuerdos buenos, pero tienes también muchas rencillas producidas por el cambio. Rencores, o frases que te has callado por hacer caso a la paciencia (que a escondidas de todos te susurraba: chsss no digas nada, tiene un mal día, no le des importancia a tal o cual comentario). Y al final tienes un cúmulo de cosas negativas luchando por recuerdos positivos. Estás en guerra, una guerra que si no acabas te hace meterte en un círculo difuso que parece no tener fin (por algo los círculos son infinitos).
No le dices nada porque ya apenas le ves pero si tienes oportunidad de verle luchas por estar callado y no causar problemas (porque para una vez que le ves no merece la pena gritar).
Entonces asumes la realidad, que ese amigo con el que tienes años de recuerdos ya no está, y lo que más duele, no va a volver.
Te das cuenta de que solo compartís los mismos silencios incómodos, que es eso lo que tenéis en común, las pausas eternas donde nadie dice nada porque ninguno se atreve a lanzar ,al aire o a la cara, la excusa adecuada para rechazar la invitación ( y así no tener que veros).

Y cuando descubres todo esto, cuando te paras a pensar y ves lo que fuisteis y lo que nunca más volveréis a ser, te envuelve una nostalgia extraña. Pero el tiempo pasa, y al final lo que es nostalgia se convierte en indiferencia. Aunque es cierto que a veces esa indiferencia viene porque, el cambio ha producido tantos golpes, que ya eres inmune. Eres inmune a las frases mal dichas, a desprecios, desplantes y a cualquier cosa que pueda herirte.
Y con esa indiferencia como arma podrías romper el círculo, pero en realidad no se rompe. Sigue ahí, con el silencio de palabras que todo el mundo sabe pero nadie se atreve a decir.

Bueno yo creo que ya es hora de decir algo, algo que me he dicho a mi misma:
Felicidades, has perdido un amigo.

La parte positiva es que, no merece la pena ponerse triste. Si se ha ido, ha sido por cuenta propia. Uno solo no puede tirar del carro.

Esto es ley de vida.

Y como último consejo: las cosas nunca vuelve a ser como antes. Nunca.
Mejor asumir y seguir sonriendo junto a las personas que de verdad quieran tu sonrisa.

Estas son mis reflexiones y así las he contado. .
Y deja de coser tu sombra a mis pies.

 

Encontrando palabras ajenas con un sabor tan familiar…

Fuente original: [[…ToNTa MuÑeCa RöTa…]]

http://www.fotolog.com/eris_451/63442254


Querido pasado,



Esta noche ha empezado como otra cualquiera. Planificando qué hacer, cómo distribuir el tiempo de la que es una bonita nochepordelanteparamí, pensando en cómo desarrollar mi Yo, en cosas sin más. Y pensando en cosas, he pensado que era un buen momento para desempolvar esa parte del armario que todos tenemos y que hace mucho tiempo que no nos atrevemos a tocar por miedo a lo que pueda haber ahí. Además, que la parte de mi armario en cuestión es la más alejada, arriba al lado de la pared… es decir, bastante intocable. El caso es que me he puesto a hurgar, teniendo suerte de ser de siempre bastante escrupulosa y estar ordenado. Lleno de polvo, pero ordenado.


Sacando cosas y más cosas, he sacado triunfal una caja (últimamente me gusta customizarlas como, digámoslo así, terapia de la búsqueda de mi Yo). La caja en cuestión pesaba. Mucho. No es más grande que un cuaderno mediano de anillas. Y con querubines como decoración. Algo ñoños, con carcaj algunos a punto de disparar su flecha mortal, con cartas selladas en una mano otros.Lo primero que he pensado ha sido en customizarla. Y lo siguiente, en abrirla… claro. Al momento un olor a papel cerrado me ha golpeado. Y encuentro la caja llena. Hasta arriba. De cartas.


Me ha sorprendido no haber reconocido antes esa caja. Pero ahí estaban. Todas las cartas de mi pasado. Perdón. Mi Pasado. Porque creo que no tengo en mi vocabulario una palabra con mayor propiedad que esa, Pasado. ¿Por qué? Muy simple, porque de él no queda hoy NADA. Bueno, eso creía hasta esta noche. Ahora tengo esta caja, y estas cartas. Muchos de esos pasados simplemente fueron disolviéndose, haciéndose difusos al principio para finalmente desaparecer. Otros están ahí, latentes pero tan lejanos que posiblemente no les reconocería hoy en día. Y luego está ese otro Pasado.


El que hizo daño. El que dejó una herida que nunca va a cerrar y que sé que va a ser la causa de muchas de mis decisiones y actitudes. Ese Pasado. El único que todas las mañanas me repito que no es pasado porque, simplemente, niego su existencia. Es un ejercicio duro, porque no todos los días bloqueas recuerdos. Y lo consigo. Y lo he conseguido. Lo sé porque esta noche ha sido cuando lo he comprobado. No he sentido nada. Ni rabia, ni pena, ni siquiera lo he echado de menos. Tan sólo lo he visto, y he sonreído. Porque ese pedacito es enteramente mío. Y aunque a día de hoy sé que niego la existencia de las personas que escribieron ese Pasado en esas cartas, también sé que hubo un día en que esas personas eran diferentes, éramos diferentes. Y era bonito.


Así que he tomado una decisión. Tras airearlas un poco, coger algunas que aún danzaban por otra caja que sí tengo localizada y reunirlas con sus hermanas, y mirarlas por última vez hasta la próxima vez, he cerrado cuidadosamente la tapa. He limpiado el polvo que tenía por encima y la he vuelto a dejar donde estaba, en el hueco olvidado del armario.


Pero ahora será diferente. Ya puedo olvidar tranquila.


Feliz año nuevo

Era guapísima, pensó. La mujer más guapa del mundo. Un vestido negro, escotado por detrás, el pelo recogido en la nuca. Unos ojos grandes e inteligentes que lo miraron de esa manera singular con que miran algunas mujeres, como si se pasearan por dentro de ti, escudriñándote cada rincón, y esa certeza te erizara la piel. No sabía cómo se llamaba, ni quién era. Ni siquiera si estaba con otro. Pero comprendió que era ella. Así que venció el nudo que se le había hecho en la garganta y dijo aquí te la juegas, chaval, te juegas el resto de tu vida, y a lo mejor haces el ridículo más espantoso; pero sería peor no intentarlo. Así que se fue derecho hacia ella, recorriendo esos cinco últimos metros que ningún hombre inteligente franquea si no son los ojos de la mujer los que invitan a recorrerlos. Hola, me llamo tal, dijo. Y no me perdonaría nunca dejarte salir de mi vida sin intentarlo. Ella lo miró despacio, evaluando su sonrisa algo tímida, la manera sencilla que tenía de estar de pie ante ella, encogiendo un poco los hombros como diciéndole ya sé que lo hemos visto muchas veces en el cine y por ahí, pero no puedo evitarlo. Te pareces a esas cosas que uno sueña cuando es niño. Lo consiguió. La felicidad le estallaba dentro y el mundo y la vida eran una aventura maravillosa. Bailaron, rieron. Compartieron sus mundos e hicieron que éstos empezaran a fundirse el uno con el otro. Música, cine, viajes, libros. Tiene cosas que yo necesito, pensó. Cosas que a mí me faltan. A veces se quedaban callados, mirándose un rato largo, y ella sonreía un poco, casi enigmática. Quizá se sienta como yo me siento, pensó él. Tocó su piel, rozándola con precaución al principio. Acercaron los rostros para conversar entre la música, acarició su cabello, respiró su aroma, asimilo cada registro de su voz. Algo hice para merecerla, pensó de pronto. Los años de colegio, la facultad, el trabajo, la lucha por la vida. Sentía que era un premio especial; que una mujer así no caía del cielo a cambio de nada. Eso lo hizo sentirse más seguro, más cuajado y adulto. Y en sólo unas horas, maduró. Se hizo lúcido y se dispuso a merecerla.

Llegaron las campanadas. Ding, dong. Todos bailaban y reían, brindaban, chocaban las copas salpicándose de champaña. Feliz 2001. Feliz año nuevo. Él nunca había sido muy sociable; tenía sus ideas sobre las fiestas de año nuevo en general y sobre la Humanidad en particular, y no eran ingenuas en absoluto. Sin embargo, aquella vez amó a sus semejantes. Los habría abrazado a todos. Con la última campanada ella se quedó mirándolo en silencio, la copa en la mano, la boca entreabierta, y él se inclinó sobre sus labios. Sabían a champaña y a carne tibia, y a futuro. Alrededor los amigos aplaudían y bromeaban sobre el flechazo. Ellos seguían mirándose a los ojos y se besaron de nuevo, ajenos a todo. Y más tarde, rozando el alba, la acompañó a su casa. Se besaron de nuevo en el portal, mucho rato, y él regresó a casa caminando en la luz gris del amanecer, las manos en los bolsillos, sintiendo deseos de dar pasos de baile, como en las películas. Estaba enamorado.

Pasaron los meses y se amaron con locura. Ella estaba en el último año de carrera; él, a punto de conseguir el trabajo soñado. Viajaron juntos y hubo un verano maravilloso, el mar, los paseos por la playa, las noches cálidas. Cuando estaban juntos apenas necesitaban otra cosa. Ella se le aferraba, jadeante, sus ojos muy abiertos cerquísima de los suyos, abrazándolo como si pretendiera hundírselo para siempre en las entrañas. Te amaré toda mi vida, dijo él. Me parece que deseo un hijo, dijo ella. Que se parezca a ti. Que se nos parezca. El mundo era una trampa hostil, pero podía ser habitable, después de todo. Era posible, descubrieron sorprendidos, construir un lugar donde abrigarse del frío que hacía allá fuera: un refugio de piel cálida, de besos y de palabras. A veces se imaginaban de viejos, con nietos, libros, un pequeño velero con el que navegar juntos por un mar de atardeceres rojos y de memoria serena.

Aquel año consiguió el trabajo por el que había luchado toda su vida. Un puesto de responsabilidad en una multinacional importante. El primer día que fue al despacho, al llegar a su mesa situada junto a la ventana con una vista maravillosa de la ciudad, pensó que había llegado  a algún sitio importante, y que el triunfo también era de ella. Tenía que compartir ese momento, así que descolgó el teléfono y marcó el número de la casa donde ahora vivían juntos. Estoy aquí, lo he conseguido. Estoy en la cima del mundo, dijo. Y te quiero. Mientras hablaba, sus ojos se posaron, distraídos, en el calendario que estaba sobre la mesa: martes 11 de septiembre. Luego se volvió a mirar por la ventana. El día era hermoso, los cristales de la otra torre gemela reflejaban el sol de la mañana, y un avión enorme se acercaba volando muy bajo.

Arturo Pérez- Reverte


Apariencia.

Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto, sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.

Oscar Wilde


Supongamos…

Supongo que el truco es obligarse… tengo ganas de volver a los viejos tiempos en los que tenía un lugar. Sé que últimamente es de lo único que hablo, lo sé. Pero a quien no le guste, que no lea.

Supongo que a todos nos pasa lo mismo una vez en la vida. A unos antes, a otros después… pero yo estoy ahora mismo en la búsqueda de mi Yo. Ése que me identifique, que me diga qué quiero de verdad y qué no.

Supongo que es la época del año. Al fin y al cabo, cuando el verano acaba, cuando todo el mundo vuelve con las caras largas, cuando todo es vuelta a la rutina, quizás es más fácil continuar con lo que estabas haciendo… o no.

Supongo que lo llevo dentro. Y es que nunca me gustaron del todo los grandes cambios. Siempre he sido muy de lo mío. Y que nadie intente cambiármelo. El problema es la actualización. Todo acumulado y ganas de escribir.

Y supongo que, por eso mismo, sigo aquí.

Me apetece volver a escribir sobre mis piratas, sobre historias, sobre cuentos, sobre volcanes, sobre canciones, sobre sobre mil historias que vuelvan a hacer de este lugar mi casa virtual.

Acabo de darme cuenta de lo poco que digo y lo mucho que pasa.

Cambios. Todo son cambios. Y me encuentro muy a gusto. En esto voy a copiarle la idea a un amigo. Es un año de reencuentros. Justo con lo que a él respecta, es así, pero en el resto la idea es diferente. El reencuentro en mi caso es conmigo misma.

Y bueno… eso también es muy bueno, ¿no?

Vaya, más de cinco años aquí… el 9 de julio de 2006 empezó todo. Y a mí se me pasó felicitar a este lugar. (2932 visitas… ni yo misma imaginaba que llegaría a ser tan leída…)

Bueno… más vale tarde que nunca. Soplaré la vela, ahora que nadie me ve…


Trata de… de vuelta.

Bueno, pues aquí me encuentro de nuevo. Luchando, como nunca he dejado de hacer.

Cambios. Vientos de cambio. Y eso se huele. Para quedarme igual o mejor. Porque no voy a consentir que sea para peor. Ya no. Si algo he aprendido en todo este tiempo, es que existen las segundas oportunidades. Pero he tenido que lidiar en muy poco tiempo entre darlas yo y, hace un tiempo y por primera vez, que me la dieran a mí.

Este es un borrador que al final me he lanzado a publicar. ¿Que por qué no lo he hecho antes? Bueno, me pudo la nostalgia y este sitio no es el mismo… siento como si me lo hubieran mancillado. Pero al fin y al cabo, este y no otro fue siempre mi Pequeño Rincón.

Vientos de cambio arrecian, como decía. Y tengo todas las ganas del mundo a aprovechar el impulso que me dan.Tengo ganas de volver a expresarme, esta vez con más herramientas. Sacar lo que llevo dentro. Más como una prueba a mí misma de que puedo ser constante, que puedo ser estable.

Iré[mos] viendo si puedo conseguirlo. Estáis todos invitados. 

¡¡Daros prisa!! ¡¡No lleguéis tarde al té!!